Trata de personas y protección política

Adelanto exclusivo del libro Los traficantes, por Belisario Sangiorgio

Investigación. Escuchas telefónicas revelan la trama de sobornos entre una mafia que explota mujeres y la policía, en el centro de la Ciudad de Buenos Aires.


-No sé… ayer tuve a uno del equipo todo el día…entre la esquina y la puerta. ¿Entendés? Vestido de jugador. No me dejó ‘laburar’.
-¡No! Pero… che… no es por vos. Es por otra cosa, boludo.
-Ya sé… pero me volvió loco.
-¡No!
-Sí… y acá por la calle Tucumán jugás siempre vos.
-Vamos a tratar de hacer algo… pero… no lo mandamos nosotros.
-¿No?
-Lo mandaron desde otro lado.
-Ahhhh…
-¿Entendés? Lo mandan, lo paran ahí… como un pelotudo.
-Sí, sí, sí. Ya sé. Pero se paró en la puerta de la cancha.
-Es un idiota.
-Es un pelotudo. Que se porte bien.
-Le voy a decir que se corra de ahí.

Maximiliano Castrillón pagaba los sobornos policiales religiosamente. Por eso, no pudo disimular su sorpresa cuando descubrió que las fuerzas federales de seguridad habían ingresado al departamento de Ayacucho 440, adonde vivía con su esposa Myriam Beatriz García.

El 26 de octubre de 2013 –tras una denuncia de la Procuraduría Contra la Trata y la Explotación Sexual (PROTEX)- el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº4 ordenó allanar 30 prostíbulos, un hotel, una imprenta y las viviendas de los principales sospechosos. Durante el operativo, los agentes federales rescataron a 62 mujeres que eran explotadas por siete organizaciones criminales.

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Junto a su esposa, Castrillón lideraba el grupo delictivo que contaba con el sistema logístico más desarrollado. Él, su esposa –Myriam Beatriz García- y su suegra – Dionisia Dominga Dos Santos- fueron acusados por promocionar, facilitar y explotar económicamente la prostitución de catorce mujeres. Es decir, por el delito de trata de personas. Y en la calificación puntual que se les atribuye hay al menos cinco agravantes judiciales, por ejemplo la cantidad de víctimas.

Castrillón conocía perfectamente las calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Cuando cayó, llevaba mucho tiempo inmerso en el asqueroso mundo de la prostitución urbana. Comenzó como comienzan todos. Repartía volantes y asistía a viejos proxenetas del Microcentro porteño. Con el correr de los años, cobró cierto protagonismo entre los criminales de la zona… y pudo montar su propia organización delictiva.

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La organización contaba con respaldo policial, según los expedientes del Centro de Información Judicial

Desde su teléfono celular, Castrillón monitoreaba las cámaras de sus cuatro prostíbulos. Por ejemplo, según la investigación, junto a su esposa manejaban un prostíbulo ubicado a una cuadra del Congreso de la Nación, en la calle Montevideo altura 55.

Los agentes de las fuerzas federales de seguridad se infiltraron en ese antro de Montevideo 55 durante 15 investigaciones penales diferentes. Sin embargo, al cierre de esta publicación –mientras los miembros del grupo son investigados- el prostíbulo continúa funcionando normalmente. Sobre este sitio, el equipo de psicólogas y trabajadoras sociales que ingresa con los federales destacó: “Se observan precarias condiciones generales de higiene y seguridad”.

Esto sólo puede ser explicado a través de una hipótesis: Castrillón maneja su propio grupo criminal, sí. Pero este grupo es en realidad el equipo operativo de una organización criminal mayor, que cuenta con protección política y policial.

El expediente destaca que Castrillón operaba “con total connivencia policial”. Pero eso no es todo. Además para someter a sus víctimas el jefe criminal mostraba a las mujeres explotadas que “agentes policiales muchas veces correspondientes a las comisarías con jurisdicción en la zona” pasaban por allí para pedir dinero a cambio de “protección y silencio”.

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-¿Lauti?
-Maxi.
-Che…
-¿Qué pasó?
-Hay unos policías de civil.
-¿Dónde?
-Están en la puerta de la casa de Tucumán.
-¿Qué hacen?
-Investigando.
-No sé nada. Hablá con Carlitos.
-No me avisaron, boludo.
-No son nuestros.
-Boludo, no me avisaron.
-Hablá con Carlitos.
-¿Te veo a la noche?
-Corrientes y Uruguay. A las diez.

Castrillón recaudaba cinco mil pesos por día, y sus lazos delictivos iban más allá del grupo criminal que dirigía. La Justicia sospecha que esta organización también trabajaba de forma conjunta con otra banda, que era dirigida por Adelaida Caroso… la tía de Castrillón.

Caroso operaba junto a un violento criminal llamado Carlos Morales Comini, y contaba con el respaldo de otro mafioso llamado Salvador Francisco Rizzo. Los tres están acusados de captar a cinco mujeres y obtener –a través de diferentes métodos- beneficios económicos de sus cuerpos. Al respecto, en el expediente se destaca que –para retener a las mujeres- se valían de “amenazas, maltratos, intimidación, restricción de libertad y abuso de la situación de vulnerabilidad”.

Las escuchas telefónicas alarmaron a los investigadores, que percibieron la clara utilización de viles métodos por parte de esta segunda célula criminal. El más violento era Morales Comini.

-¿Cómo es? ¿Me vas a denunciar?
-No, no.
-¿No?
-No quise decir eso.
-¿Me vas a denunciar? ¿Denunciar?
-No
-Te voy a tirar ácido en la cara. Y no vas a trabajar en ningún lado. Y ahí, me vas a denunciar.
-No te voy a denunciar.
-¿Ustedes piensan que esto es una ‘joda’? No te aguanto más.

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Morales Comini y Caroso vivían juntos en un departamento de la calle Tinogasta, altura 5081. Mientras la pareja se afianzaba, comenzaron a manejar tres prostíbulos que también dejaban, siempre según datos de la Justicia, al menos cinco mil pesos de ‘ganancias’ por día. Uno de los antros que regenteaban estaba ubicado sobre la avenida Santa Fe, y los otros dos sobre la calle Esmeralda.

Morales Comini y Caroso –la tía de Castrillón- también contaban con protección policial

-Hablé con ese ‘basura’ de la 17…
-¿Hablaste con ese?
-Sí, ya hablé
-¿Y?
-Voy a hacer lo que él diga. No quiero estar mal.
-Los que conocés vos… ese es un hijo de puta.
-No queda otra. Por ahora, es el único.

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La denuncia inicial señalaba que Caroso y Morales Comino traían mujeres secuestradas desde diferentes lugares.

Hay una tercera organización criminal dedicada a la trata de personas que opera impunemente en el centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y tiene como su principal punto de recaudación una vieja casa –ubicada junto a un colegio- en la calle Juan Domingo Perón, altura 2123. Cuando los federales allanaron la casa el 26 octubre de 2013, Sandra Carina Rodríguez no estaba allí. Llegó pocos minutos después. Y quedó detenida.

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La Justicia la señala como responsable por la captación y explotación de al menos a tres mujeres. En la casa de la calle Juan Domingo Perón, los investigadores rescataron a una chica de Buenos Aires, a una joven que nació en Brasil -pero tenía documento de Paraguay-, y a otra mujer que también provenía de Paraguay.
¿Es Sandra Carina Rodríguez la líder de esta organización?
No.

Pero su participación fue clave para que la mafia pudiera retener a las mujeres, y obtener ganancias económicas al venderlas como esclavas sexuales en turnos de media hora…e inclusive enviado a las chicas a diferentes domicilios particulares. Hay incontables denuncias que vinculan la casa de Juan Domingo Perón 2127 con una mafia policial, que claramente goza de protección política.

Los agentes federales encubiertos investigaron este lugar –siempre según el expediente- al menos veinte veces. Un extracto textual de la causa despejará cualquier duda. Por ejemplo: “El inmueble fue investigado en el Expediente 96.404/2012 de la Unidad Especial Fiscal Móvil para la Investigación de Secuestros Extorsivos y Trata de Personas (U.F.A.S.E.), debido a que se denunció -conjuntamente con otros domicilios- como un ‘privado’ protegido por la Comisaría 5”.

Al cierre de esta publicación, el prostíbulo sigue funcionando.

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*Periodista especializado en seguridad. Fue editor de Infobae entre 2013 y 2017, actualmente publica sus crónicas en el diario La Nación. Encontrá sus opiniones en Belisario.blog

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