¿Dónde está la democracia?

Con vida se lo llevó Gendarmería el 1 de agosto. Con vida lo exigimos, sin decaer en el reclamo, y sin desatender la lucha de todos los días. Una desaparición forzada nos afecta como sociedad y pone en jaque a la democracia.


En este momento histórico, la desaparición de Santiago Maldonado configura un golpe que pretende correr los límites de la democracia misma. Se vuelve prioridad entonces, pararnos sobre este avance contra los derechos colectivos, comprometernos contra el retroceso de nuestras libertades y garantías ciudadanas.

Igualmente importante es llevarnos lecciones aprendidas, reflexionar y permitirnos un diagnóstico de nuestras propias luchas. Nunca es banal repensar al movimiento popular desde la perspectiva de los hechos políticos significativos. Y es en las situaciones límite cuando más urge prestar atención a lo que nos rodea.

La desaparición forzada de Santiago Maldonado, en virtud de los hechos sociales desencadenados a partir de ella, se convierte así en la síntesis de un momento histórico y político. El poder real mide fuerzas contra la democracia; el pueblo pone a prueba su propia organización y capacidad de respuesta.

Queremos preguntar

La reacción ciudadana ante las primeras noticias de la desaparición de Santiago evidenció unos reflejos militantes que no siempre salen a relucir. La gravedad del episodio lo explica sólo en parte. A eso se suma la práctica en la resistencia contra diferentes formas de violencia institucional, que se profundizaron cada día desde el inicio de la era macrista.

Un ejemplo de esta práctica fue la respuesta docente. Aún bajo asedio de un oficialismo resentido por las paritarias, las y los docentes resistieron de la manera que mejor saben: enseñando. Los pizarrones empezaron a preguntar, al igual que las paredes y las redes sociales: ¿dónde está Santiago Maldonado?

La respuesta del sector conservador fue la de su tradicional hipocresía. Para la ideología católica y colonialista en las escuelas, un rotundo sí. Ante una ideología democrática y de derechos humanos, #ConMisHijosNo. Los medios masivos aprovecharon para reutilizar viejos libretos antidocentes.

El rol de los medios de desinformación masiva resultó obvio y escalofriante. A sus mentiras y tergiversación habituales, sumaron dosis extra de odio y cinismo. La resistencia interna se hizo ver entre lxs trabajadorxs de prensa, que apoyaron el reclamo por Santiago Maldonado desafiando la línea editorial de sus empleadores.

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Foto: Trabajadores de Prensa del Diario La Nación

Al interior del movimiento de mujeres se encendió un debate respecto de nuestras propias desaparecidas, y la urgencia o relevancia de visibilizarlas en momentos como este. Se hizo hincapié en las diferencias entre una desaparición por femicidio o por redes de trata de personas, y una desaparición en un operativo de represión de la protesta por parte de fuerzas armadas estatales.

Esta dualidad puede entenderse en términos de límites de la democracia. La desaparición forzada de Santiago Maldonado pretende correr un límite que había logrado sostenerse mínimamente en democracia, mientras que las desapariciones de mujeres como causa y consecuencia del sometimiento es un límite que nuestra democracia aún no ha establecido.

Una noche de cacería

La familia de Santiago Maldonado llamó a marchar por su aparición el viernes 1 de septiembre, cuando se cumplió un mes de su desaparición. La acompañaron las Madres de Plaza de Mayo y organismos de derechos humanos. La respuesta fue masiva desde organizaciones y ciudadanxs de a pie en todo el país.

La ciudad de Buenos Aires fue el escenario elegido por el gobierno para escalar la violencia institucional e intimidar a la población. La marcha a Plaza de Mayo fue pacífica, al igual que la desconcentración. Minutos más tarde, un grupo sospechado de “inflitrado” comenzó a arrojar piedras e incendiar basureros. Esto se usó como excusa para la violencia policial y las detenciones arbitrarias, concentradas en quienes estuvieran registrando los hechos.

Al momento de la represión, en la calle primó la solidaridad entre periodistas, con algunas lamentables excepciones. El sábado 2 de septiembre amaneció con una lista de 31 personas detenidas durante la represión, difundida por la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI).

Familiares de los y las detenidas, acompañadas por amistades, organizaciones sociales, políticas, de derechos humanos y medios alternativos, hicieron guardia frente a las comisarías. Lograron así que el juez Martínez Di Giorgi adelante las indagatorias al domingo y que firme la excarcelación ese mismo día, mientras se mantenía una manifestación pacífica frente a los tribunales de Comodoro Py.

El lunes 4 de septiembre por la madrugada las personas detenidas fueron liberdadas, y pudieron contar los abusos y vejámentes sufridos, incluyendo desnudar a las mujeres y la amenaza de “ser el próximo Santiago”.

La pregunta principal continúa sin respuesta: ¿dónde está Santiago Maldonado? 

Gritá tu nombre

El movimiento de mujeres lleva más de un año retomando prácticas de resistencia antirrepresiva que habían caído en desuso. Los cuidados individuales y colectivos se distribuyeron en forma de listas e instrucciones, como el fanzine Cuidado y preservación en manifestaciones de femimantis  y el Manual para enfrentar la represión en las protestas de la CORREPI. Durante la marcha del XXXI Encuentro Nacional de Mujeres, realizado en al ciudad de Rosario en octubre de 2016, hubo compañeras y abogadas de guardia, tanto en la localidad como en otras ciudades y provincias.

El 8 de marzo de 2017, tras la manifestación del Paro Internacional de Mujeres, se realizó una represión con métodos idénticos a los utilizados inmediatamente después de la marcha por la aparición de Santiago Maldonado: policías de civil, una razzia posterior a la desconcentración, detenciones arbitrarias en las inmediaciones de la plaza “marcando” a quienes registraban los hechos, actas con información falsa sobre el lugar y la hora de las detenciones.

En la represión tras la marcha por Santiago, se vio de manera repetida que quienes filmaban preguntaban el nombre a las personas siendo detenidas arbitrariamente. No es un detalle menor. Fue por gritar su nombre que muchas desaparecidas y desaparecidos en dictadura pudieron dejar a sus familias algún indicio de dónde encontrarles. Ante una injusticia descomunal, el último acto de resistencia resultó ser una afirmación de identidad.

La lucha de los pueblos por los derechos humanos es una y es múltiple. Es vital en momentos de crisis poder atender también a asuntos que pueden parecer menos urgentes o demasiado estructurales. Sin embargo, muchas veces allí se encuentran las respuestas y soluciones que permiten superar la coyuntura.

Mientras tanto, gritemos. Gritemos tu nombre y el mío, y el de todas y todos los que faltan. Gritemos el nombre de quienes están en peligro y el de quienes todavía están a nuestro lado.

Gritemos por la aparición con vida de Santiago Maldonado, por la aparición de todas las personas desaparecidas en democracia y en dictadura, y por la no desaparición forzada de ninguna persona, nunca más.

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